La sala de juntas estaba llena cuando entré a las 10 AM.
Los hermanos Hoffman—Klaus y Stefan—ya estaban sentados. Mauricio en la cabecera y cinco directores a los lados.
Y León, que estaba con traje azul marino. Y una corbata plateada.
Me miró cuando entré, con un leve asentimiento. Profesional.
Nada en su expresión indicaba que hace cuatro horas estaba sin camisa en el gimnasio.
Nada excepto que yo no podía dejar de pensar en eso.
—Buenos días.
Conecté mi laptop y respiré hondo.
Eran cuarenta