La casa de Luna y Mateo ya no era un hogar. Era una fortaleza. Las persianas estaban bajadas. Las pantallas de las cámaras de seguridad cubrían una pared del estudio, mostrando cada ángulo del exterior. En el centro de la sala, el grupo central estaba reunido: Luna, Mateo, DJ, Tomás, Miguel (que había regresado tras dejar a Elena) y, vía videollamada, Sofía y Carla, cada una en sus respectivos búnkeres temporales. La imagen del restaurante quemado aún ardía en sus mentes.—No podemos seguir jugando a la defensiva —empezó Luna, su voz dejando claro que no abría un debate, sino que dictaba una nueva realidad—. Javier ha declarado la guerra total. Nosotros respondemos en igual medida. No para vengarnos, sino para sobrevivir. Para proteger lo poco que nos queda.Asintieron, todos con el rostro marcado por la tensión y la pérdida.—Dividamos el trabajo —propuso Mateo, señalando un esquema en una pizarra—. Protección: Tomás, tú coordinas. Necesitamos seguridad física 24/7 para Ana y Nico, p
Leer más