La red de DJ se movió en susurros y sombras. Sus contactos, restos de la antigua organización de su padre, respondían con cautela y desconfianza. Las reuniones eran breves, en bares oscuros, en aparcamientos a deshora, o a través de mensajes cifrados. La información que llegaba era como agua turbia: abundante, pero imposible de beber sin filtrar.
—Un tipo dice que lo vio en la Costa Esmeralda, comprando suministros en un almacén de barcos —informaba DJ una tarde, pasándose la mano por el rostro