El descenso de las montañas fue un viaje sombrío y silencioso. La euforia de haber encontrado la cabaña se había convertido en cenizas amargas en sus bocas. El mercenario había escapado, llevándose consigo la oportunidad de interrogarlo más, pero había dejado atrás una certeza devastadora: las palabras "ese bebé que lleva en la panza la hermana pequeña" resonaban como un eco maldito en la mente de todos.
Tan pronto como tuvieron cobertura, Mateo llamó a Ana. Su voz, al otro lado, sonó alegre ha