Mi madre, como era de esperarse, me fue a buscar a la hacienda a primera hora de la mañana. Apenas había terminado de levantarme y ya estaba en la cocina con la señora Sabrina, hablando sobre la misa especial de la tarde y diciéndole que debería integrarse más a la iglesia.Yo, desde mi escondite detrás de una pared, simplemente bostecé y luego retrocedí para ir a alistarme.Una hora después bajaba de la camioneta de mi madre, con mi mochila en la espalda y algo de prisa.—Camina más despacio, hija.Lo intenté. Sus palabras me frenaron un poco.—No me gusta verte cuando caminas con tanto desparpajo.—¿Qué es eso de desparpajo? —pregunté cuando mi madre me alcanzó frente a la puerta de entrada.—Olvídalo, Carmelina… créeme, no estoy para darte clases hoy.En ese instante noté que estaba molesta. No lo disimuló al abrir la puerta, como si no quisiera entrar.—¿Mami, te pasa algo? —le pregunté antes de dar un paso al interior, cuando la puerta terminó de abrirse.—Tranquila, no es contig
Leer más