Me tocó esperar, aunque el calor me consumía por dentro. Quería empezar a jugar.El padrecito se apartó despacio, como si supiera exactamente lo que provocaba al hacerlo. Yo me quedé allí, inmóvil, con la mirada clavada en su espalda musculosa, mirando el enorme tatuaje. Por un instante, juraría que el lobo tatuado en su piel me devolvió una mirada viva... juraría que hasta había notado un brillo rojo en sus ojos. El lobo me veía o eso parecía. Me persigne al sentir un fuerte escalofrío recorrerme… pero no fue suficiente para apagar lo que ardía en mí, mi coño estaba caliente, incluso me tenía las bragas mojaditas. Obediente, me dirigí a la cocina a prepararle el almuerzo. Aunque, a esas horas, ya no sabía ni cómo llamarlo. Pasaban de las tres de la tarde, y aun así me puse a cortar vegetales, intentando distraerme de mi deseo. No podía mentirme a mi misma, no había ido para cocinarle, ni con tanto ánimos de limpiar, solo quería estar con mi padrecito. Mientras pensaba en que pront
Leer más