Arrepentimiento.
—Soy una tonta… —susurré, torpe, con la mirada fija en la sopa que se enfriaba frente a mí. «Un espanto», pensé. Seguro sabía tan mal como olía.
La sensación de ser una cobarde me pesaba en el pecho. Pude haber sido más valiente, ir tras el padrecito… y no estaría ahora caliente por el recuerdo de su cuerpo firme, demasiado presente en mi memoria. Ese pensamiento, traicionero, me estremeció. Un calor incómodo me recorrió, haciéndome perder el control por un segundo.
El cubierto resbaló de mis d