Mi madre, como era de esperarse, me fue a buscar a la hacienda a primera hora de la mañana. Apenas había terminado de levantarme y ya estaba en la cocina con la señora Sabrina, hablando sobre la misa especial de la tarde y diciéndole que debería integrarse más a la iglesia.
Yo, desde mi escondite detrás de una pared, simplemente bostecé y luego retrocedí para ir a alistarme.
Una hora después bajaba de la camioneta de mi madre, con mi mochila en la espalda y algo de prisa.
—Camina más despacio,