La inmensidad del padrecito.
POV; Carmelina
No podía creer mi suerte: de casi ser la novia del padrecito, ahora me convertiría en la sirvienta de la vieja casa parroquial. Mi disgusto era tan fuerte que no pude disimularlo durante el trayecto que ya había recorrido al lado de la señora Cornelia, quien me guiaba hasta la vieja casa parroquial como si yo no supiera dónde quedaba esa ruina fea.
—Camina más rápido, niña. No tengo todo el día para perderlo con tu pereza —me lo dijo de mala gana, siempre mirando hacia el frente