El reloj marcaba las cinco de la mañana, y la casa todavía estaba envuelta en la quietud que precede al amanecer. Me desperté con los rayos tenues de luz entrando por la ventana, y la primera sensación que me invadió fue su calor: él estaba a mi lado, respirando suavemente, con el brazo apoyado cerca mío. La barriga, aunque todavía pequeña, se notaba ligeramente más abultada, y yo no podía evitar tocarla de vez en cuando, como si el simple contacto me recordara que aquello era real, que había una vida creciendo dentro de mí.Él pareció notar mi gesto antes de que yo hablara. Se inclinó y depositó un beso suave sobre mi vientre, uno tras otro, con una ternura que me hizo sonreír sin querer.—Buenos días, pequeñín —susurró, su voz ronca por el sueño pero llena de cariño—. Papá y mamá estamos aquí, no tienes que preocuparte por nada.Me recosté más cerca de él, dejando que sus manos se apoyaran suavemente sobre mi abdomen. Sentí cómo cada beso suyo me tranquilizaba, cómo cada palabra me
Ler mais