El estudio de Dowzen era, literalmente, otro mundo. Estaba ubicado en una antigua zona industrial rehabilitada, un espacio enorme de techos altísimos, paredes de ladrillo visto y ventanales que dejaban entrar una luz blanca y perfecta.El equipo de Vanguard había llegado temprano para montar el set de la campaña del perfume citrico, Aura. Había cables serpenteando por el suelo como serpientes negras, focos del tamaño de neumáticos y un ejército de asistentes corriendo de un lado a otro con percheros llenos de seda y lino.Mikaela estaba en medio de todo aquel caos, tratando de concentrarse. Llevaba una carpeta apretada contra el pecho y revisaba por décima vez el guion de luces. Mina estaba a unos metros, discutiendo con el maquillador jefe, mientras Eugene peleaba con una de las pantallas de previsualización que se negaba a encenderse.—Miki, si este monitor no arranca, voy a tener que comenzar a rezar —se quejó Eugene, pasándose la mano por el pelo, que ya lucía un desorden salvaj
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