El ambiente en el estudio de Dowzen había mutado de la tensión profesional a una especie de camaradería desaliñada. Eran pasadas las once de la noche y el cansancio se notaba en cada rincón. Había bandejas de aperitivos esparcidas por las mesas de trabajo y el equipo se movía con una lentitud pesada.
Mikaela intentaba mantenerse enfocada en los esquemas de post-producción, pero su mente no dejaba de viajar al pasillo del almacén. Sentía una inquietud que la obligaba a moverse constantemente; c