El ambiente en el ascensor era de pura fiesta. Eugene no paraba de hablar sobre el restaurante de ramen que estaba abierto hasta tarde, y Mina ya estaba buscando en su teléfono las primeras reseñas de la prensa sobre la gala. Mikaela sonreía, sintiendo que por fin podía soltar la tensión acumulada en los hombros.
Justo cuando las puertas se abrieron en la planta baja y el aire fresco de la calle empezaba a entrar, su teléfono vibró en su bolso.
Pensó que sería Daryl, quizás preguntándole si ya