Fue la boda más pequeña del mundo.Catorce personas en total: nosotros dos, los gemelos, Enzo —que insistió en viajar desde la Toscana a pesar de las protestas de su médico—, Carolina, Marcos, la niñera de los niños, el notario, tres testigos que Valentino conocía desde la universidad, y Diana, que llegó desde Zúrich veintiséis horas antes con una expresión exhausta y una sonrisa que no había puesto en semanas.Nadie supo que estábamos planeándola hasta cuarenta y ocho horas antes.Así lo quise.No una producción. No una demostración. Una verdad pequeña y sólida, construida en privado, lejos de los ojos de Harold y de cualquier persona que pudiera usarla.La capilla era de un hotel íntimo en las afueras de la ciudad. Antigua. Piedra. Una docena de velas. Flores blancas que Carolina organizó en dos horas con la misma eficiencia con la que gestionaba cualquier crisis.Me puse un vestido color marfil que no era de novia. Era simplemente mío. Sin velo. Sin cola. Sin nada que recordara a a
Ler mais