La lista tenía diecinueve nombres.
Marcos la había preparado durante una semana: empresarios, inversores y proveedores a quienes los McKenzie habían defraudado en los últimos diez años. Contratos incumplidos, pagos desviados, licitaciones manipuladas. Diecinueve historias distintas con el mismo villano.
Los convoqué a todos.
No a una reunión de negocios formal. A un desayuno en un hotel neutro, sin logos corporativos, sin asistentes tomando notas, sin el lenguaje aséptico de los contratos.
Solo