Las tres demandas llegaron el mismo día.
La primera a las nueve de la mañana, por correo certificado: un fondo de inversión llamado Orion Capital alegaba «adquisición irregular» de dos de las empresas McKenzie que yo controlaba, solicitando una orden de paralización de operaciones.
La segunda a las once: un bufete de Madrid presentaba una demanda por «daño reputacional» en nombre de un grupo anónimo de accionistas que supuestamente había perdido valor a raíz de «declaraciones difamatorias» en m