Elegí un traje blanco.
No de novia. No de víctima. No del color de nadie que pide perdón o que espera ser recibida.
Blanco de quien llega sin necesitar disfraz.
Carolina me miró cuando entré a la sala de preparación del hotel donde iba a ser la conferencia de prensa.
—¿Estás segura?
—Llevo cinco años preparándome para este momento. —Me puse los aretes, despacio, sin mirarme en el espejo todavía. —Sí estoy segura.
—Van a reconocerte. Todo el mundo va a saber quién eres.
—Ese es el punto.
Valenti