El mensaje llegó a las dos de la mañana.
Sonido de notificación en el teléfono. Apagué la pantalla sin leerlo. Valentino dormía a mi lado con la respiración lenta de quien por primera vez en semanas había soltado el peso de ser el hombre que controla todo.
Lo dejé dormir.
Me levanté sin hacer ruido. Tomé el teléfono, caminé al baño, cerré la puerta con cuidado.
El espejo me devolvió una mujer con el pelo suelto y el vestido de noche arrugado y los ojos demasiado despiertos para las dos de la ma