El tiempo había avanzado con la parsimonia de las estaciones que cambian, y con él, la silueta de Audrey se había transformado en un monumento a la vida. Cinco meses habían transcurrido desde aquel juicio que cerró las heridas del pasado, y ahora, con siete meses de embarazo, su vientre era una esfera perfecta y prominente que dominaba su figura.Esa mañana de sábado, la mansión Di Giovanni bullía con una energía conspiradora que Audrey, en su estado de sensibilidad a flor de piel, no alcanzaba a descifrar del todo. Alessandro había convencido a Matthew y Emma de que decoraran el refugio del bebé. Armados con pinturas no tóxicas de colores vibrantes, los gemelos pasaron una hora dibujando soles, flores y garabatos abstractos sobre la piel tensa del abdomen de su madre, quien reía desde el sofá mientras sentía las pequeñas patadas de su tercer hijo respondiendo al tacto de sus hermanos.Sin embargo, la risa de Audrey se desvaneció cuando vio a Alessandro bajar las escaleras, ajustándos
Leer más