El caos que se desató en la Suite fue absoluto, pero a la vez, marcado por una precisión quirúrgica. Alessandro no esperó a que llegara ayuda externa; cargó a Audrey en sus brazos, sintiendo cómo el vestido de seda de ella se humedecía contra su camisa de lino. Marcus estaba a miles de kilómetros gestionando la firma, y la niñera, que se había tomado la tarde libre para recorrer los mercados locales antes de que el bebé llegara, tampoco estaba presente.
Alessandro estaba solo con su esposa y su