La primera noche en el Palacio de las Sombras fue una tortura de silencio y lujo. Astraea se despertó antes del alba, confundida por la suavidad de las sábanas de seda. Por un instante, buscó con la mano el suelo frío del sótano de la manada, pero solo encontró el colchón mullido.Se levantó y caminó hacia la terraza. Draconis se despertaba bajo una neblina azulada. A lo lejos, las montañas del norte eran apenas una línea oscura en el horizonte, pero para ella, eran una presencia constante, como una soga que se tensaba alrededor de su cuello.Un suave golpe en la puerta interrumpió su vigilia.—Adelante —dijo, ajustándose la bata de seda que le habían dejado.Era Mikhail, el guardia personal de Valerius. No entró en la habitación, manteniendo una distancia respetuosa.—Señorita Astraea, el Rey solicita su presencia en el jardín privado. Desea desayunar con usted antes de que comiencen las sesiones del Consejo.Astraea sintió un vuelco en el corazón. —Iré de inmediato.Tras vestirse co
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