Capítulo 157: El Llanto del AyerEl estruendo del cristal rompiéndose fue lo último que Astraea escuchó antes de que la realidad se plegara sobre sí misma. Cuando sus ojos se abrieron, el gélido viento del Río de Plata había desaparecido, reemplazado por un aire denso, cargado de un calor sofocante y el aroma dulzón de la cera de abeja quemada mezclado con el olor metálico de la sangre de parto. No estaba en la frontera; estaba en una habitación circular, cuyas paredes de piedra blanca sudaban humedad bajo la luz vacilante de docenas de velas.A su lado, el cuerpo de Valerius yacía sobre las losas frías. Pero no era el Alpha imponente que la había sostenido segundos antes. Su piel, antes cálida y vibrante, tenía ahora la palidez de la porcelana vieja. Astraea se arrodilló a su lado, pasando sus manos por su torso, buscando desesperadamente el latido que solía ser su ancla. La textura de su piel era extraña, casi mineral. La marca en su nuca, ese vínculo sagrado, estaba allí, pero se s
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