Capítulo 151: La Paradoja del Primogénito
El aire en el Reino de la Noche se espesó con el llanto de un niño que no debería existir. Astraea sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies, una náusea profunda que nacía de su propia sangre. A pocos metros, Malphas sostenía los restos del frasco roto, mientras la figura encapuchada mostraba a la pequeña criatura. El bebé, envuelto en lino manchado de savia dorada, tenía la marca de la luna creciente en el hombro, idéntica a la que Astraea llevaba