La luz del sol se filtraba suavemente a través de las cortinas del dormitorio de Valeria, pintando rayos dorados sobre las sábanas revueltas y los pétalos de rosa que aún descansaban sobre la cama como testigos silenciosos de la noche anterior. Dante despertó primero, como siempre, su reloj biológico entrenado por años de servicio madrugador. Durante un momento, solo un momento, se permitió quedarse quieto, sintiendo el calor del cuerpo de Valeria contra el suyo, la paz de una mañana sin urgencias, sin misiones, sin mentiras.Valeria se movió a su lado, un suspiro suave escapando de sus labios mientras se acercaba más a él, buscando su calor instintivamente. Dante sonrió, esa sonrisa tierna y privada que solo existía para ella. Le acarició el cabello con una suavidad infinita, apartando un mechón rebelde de su rostro.—Buenos días, princesa —murmuró.Valeria abrió los ojos lentamente, parpadeando contra la luz. Cuando lo vio, una sonrisa enorme iluminó su rostro, esa sonrisa que lo de
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