—¿Cómo que ya lo conseguiste? —preguntó, y su voz había perdido toda calidez—. ¿De dónde sacaste esa cantidad de dinero, Natalia?Ella desvió la mirada, sintiendo que las mejillas le ardían.—No puedo decírtelo.—¿No puedes o no quieres? —Dio un paso hacia ella, acortando la distancia—. Porque una cosa es no querer, y otra muy diferente es no poder. Así que te pregunto de nuevo: ¿de dónde sacaste el dinero?Natalia apretó la mandíbula, negándose a responder. Pero su silencio era más elocuente que cualquier palabra.Dante sintió que la sangre le hervía. Sin mediar palabra, cruzó la distancia que los separaba y la tomó del brazo con una fuerza que no había usado antes. Sus dedos se cerraron alrededor de su antebrazo como un tornillo de banco, apretando, doliendo.—¡Me vas a decir ahora mismo quién te dio ese dinero! —exigió, su voz elevándose, perdiendo todo el control que había mantenido hasta ahora.Natalia agachó la mirada, negándose a encontrar sus ojos. No podía decirle. No podía.
Leer más