El trayecto de regreso a la mansión North estuvo sumergido en un silencio gélido.Celine, con la mirada fija en la ventanilla, se negaba a dirigirle la palabra a Diamond.Las sutiles artimañas de Sienna durante el camino habían surtido efecto, alimentando la indignación de la joven North hasta convertirla en un muro de hielo.Diamond, lejos de rogar por perdón, se reclinó en su asiento.Por el espejo retrovisor, captó las miradas fugaces de Ridell; ojos grises que la analizaban con una intensidad que ella interpretó como pura irritación.Mírame todo lo que quieras, Capitán, pensó con desdén, solo soy un estorbo más en tu camino hacia Sienna y debes soportarme unos días más.Al llegar a la entrada, la figura rígida de Rona ya los esperaba. La nana saludó a todos con una calidez ensayada, manteniendo su máscara de servidumbre impecable.—Qué bueno que han llegado, estaba preocupada porque habían tardado un poco más de lo esperado. Celine, querida, te noto muy tensa —dijo Rona, acarician
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