—¿Qué demonios estás diciendo? —preguntó Amelia, completamente desconcertada, sintiendo que el suelo se tambaleaba bajo sus pies descalzos y que el aire se volvía de repente demasiado denso para respirar.—Hay una persona, Amelia... Una persona con un resentimiento puro que te odia con todas sus fuerzas porque está completamente convencido de que tú fuiste culpable de la muerte de Isabella. Es alguien ambicioso, que quiere a como dé lugar el dinero y el control absoluto de las empresas De Luca, y que haría cualquier cosa, la que sea, para hacerte daño y para separarte definitivamente de Alessandro. Y lo logró, maldita sea, lo logró a la perfección porque me usó a mí como un peón —dijo Ginevra, mientras las lágrimas le bajaban en hilos gruesos por la cara, surcando sus mejillas demacradas.—No... No estoy entendiendo absolutamente nada de lo que me estás contando —dijo Amelia con la voz quebrada por el impacto, mientras se agarraba con desespero el rostro, hundiéndose los dedos en las
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