Alessandro se desplazó sobre el colchón con la agilidad de un depredador que conoce perfectamente el terreno que pisa. El peso de su cuerpo hizo que los muelles de la cama cedieran sutilmente, acortando la escasa distancia que lo separaba de ella. Amelia, con el corazón golpeándole con violencia contra las costillas y la respiración totalmente entrecortada, intentó retroceder de manera instintiva hacia el cabezal de la cama, arrastrando las sábanas consigo en un vano intento por imponer una bar