El trayecto hacia los astilleros De Luca se sintió eterno para Amelia. El silencio dentro del automóvil era denso, interrumpido únicamente por el murmullo del motor y los comentarios ocasionales de Valerio sobre las reuniones financieras que tenían programadas para esa mañana. Sentada en el asiento del copiloto, Amelia mantenía la vista fija en el paisaje urbano que desfilaba a través del cristal, apretando su bolso contra el regazo con una fuerza desmedida. Sentía el cuerpo extraño, invadido p