Cuando Ginevra se quedó completamente sola en la habitación, hundió la cabeza con fuerza en la almohada, queriendo desaparecer de la faz de la tierra. Se sentía completamente asustada y no era para menos; la realidad de su situación era una soga que le apretaba el cuello cada segundo del día. Su padre tenía en sus manos la vida de su hermana Ana, y si Amelia se atrevía a abrir la boca ante Alessandro o ante cualquier otra persona, ese hombre despiadado sería capaz de matarla sin tentarse el cor