—No puedes hacerme esto, Gabriel… yo te amo.La voz de Miranda temblaba, cargada de una mezcla de dolor y desesperación que ya no podía ocultar. Sus ojos estaban enrojecidos, brillantes por las lágrimas contenidas, y sus manos se aferraban al borde de la mesa como si eso fuera lo único que la mantenía en pie.Gabriel no respondió de inmediato.Se levantó lentamente, evitando su mirada por un instante, como si reunir el valor para enfrentarla le costara más de lo que estaba dispuesto a admitir.—Lo siento, Miranda —dijo al fin, con un tono bajo, contenido—, pero no puedo corresponder a tu amor.Las palabras cayeron como una sentencia definitiva.Miranda sintió cómo algo dentro de ella se rompía, no de golpe, sino de forma lenta, dolorosa, como una herida que se abre sin remedio. Su respiración se volvió irregular, y por un momento pareció que iba a decir algo más… pero lo que emergió no fue súplica.Fue rabia.—Bien… —murmuró, apretando los dientes—. Pero cuando Lucero vuelva a traicion
Leer más