El sol de la mañana atravesaba lentamente las enormes ventanas de la Villa Ambrosetti. Los rayos dorados caían sobre las cortinas blancas, iluminando suavemente cada rincón de la habitación. Afuera, el jardín despertaba lentamente; las flores se mecían con el viento y las fuentes dejaban escapar aquel sonido tranquilo que parecía llevar calma a cualquier corazón agitado.Después de tantos días llenos de sangre, miedo, hospitales y despedidas, aquella paz parecía casi irreal.Diana estaba sentada junto al ventanal, con una taza de café entre las manos. Llevaba un vestido sencillo color crema y su cabello caía libremente sobre su espalda. Su mirada estaba perdida en el paisaje, pero sus pensamientos estaban muy lejos.Pensaba en demasiadas cosas.Pensaba en Nathaniel.Pensaba en Leopolda.Pensaba en el futuro.Y sobre todo pensaba en Jeremy.Escuchó unos pasos acercarse y no necesitó girarse para saber quién era.Lo conocía demasiado bien.Segundos después sintió unas manos rodeando len
Ler mais