La Villa Ambrosetti había recuperado poco a poco aquella vida que parecía haber desaparecido durante las últimas semanas. Los empleados caminaban nuevamente por los pasillos con tranquilidad, las flores del jardín volvían a ser cambiadas cada mañana y el silencio pesado que había cubierto la residencia empezaba a desaparecer lentamente.
Sin embargo, para Diana todavía existía algo que le faltaba.
Y esa mañana lo descubriría.
El sol descendía suavemente a través de las enormes ventanas de la sal