La frase cayó sobre la habitación como si hubiera detenido el tiempo.
—¡Si me decepcionas y haces esto... yo voy a quitarme la vida!
Silencio.
Absoluto.
Incluso el aire parecía haberse congelado dentro de la Mansión Fontaine.
Edith abrió los ojos lentamente.
No por el volumen de la voz de Karla.
Sino por el peso de aquellas palabras.
Porque había cosas que una persona decía por dolor.
Y había cosas que una persona decía cuando estaba perdiendo el control.
Y aquello...
Aquello era desesperación.