En una oscuridad pesada. Apenas una lámpara de luz tenue iluminaba una esquina del enorme despacho, proyectando sombras irregulares sobre las paredes. Afuera, la lluvia golpeaba suavemente los ventanales mientras la noche avanzaba lentamente.
Nathaniel permanecía de pie frente al cristal, inmóvil.
Sus ojos observaban la ciudad iluminada bajo sus pies, pero su mente estaba demasiado lejos de allí.
Demasiado lejos para prestar atención a algo tan insignificante como las luces o la lluvia.
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