La Mansión Fontaine seguía siendo igual.
Las enormes puertas negras.
Los jardines impecables.
Las paredes cubiertas por una elegancia fría que parecía observar a cualquiera que entrara.
Y aun así...
Para Evans Fontaine, aquel lugar jamás había sido un hogar.
Era una estructura.
Una obligación.
Un apellido.
Nada más.
El vehículo se detuvo frente a la entrada principal.
Evans bajó primero.
Su expresión era completamente distinta a la del hombre que horas atrás había estado recorriendo París junto