INGLATERRALa mañana había llegado silenciosamente a la Villa. La lluvia suave de la madrugada ya había desaparecido y ahora una tenue claridad atravesaba las enormes ventanas de la habitación. El aire olía a flores frescas; alguien del personal había dejado un arreglo nuevo cerca de la mesa, y el aroma delicado llenaba el lugar con una calma engañosa.Jeremy no había dormido demasiado.Otra vez.Llevaba gran parte de la noche sentado junto a Diana, observándola dormir, asegurándose de que respirara tranquilamente, de que el color de su rostro ya no fuera tan pálido como días atrás.Era absurdo.Lo sabía perfectamente.Ella estaba allí.A salvo.Respirando.Sonriéndole.Y aun así su pecho seguía sintiendo aquella presión incómoda.Aquella maldita sensación que apareció el día que creyó haberla perdido.Escuchó unos golpes suaves en la puerta.—Adelante.Un médico ingresó acompañado de una enfermera. Jeremy inmediatamente se colocó de pie.Diana, sentada sobre la cama, levantó la mirad
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