Tres años después...La luz de los Hamptons en septiembre tenía una cualidad dorada y mística, como si el sol quisiera recompensar a la tierra por todas las tormentas del pasado.En los jardines de la mansión, el aire ya no pesaba con el aroma del miedo o la traición, sino con la fragancia dulce del césped recién cortado y el perfume de las hortensias que Eleanor cuidaba con una dedicación casi religiosa.El rugido del Atlántico, que alguna vez fue la banda sonora de una huida desesperada, ahora era solo un susurro rítmico, una canción de cuna que acompañaba la paz de la tarde.De pronto, un grito de alegría infantil rompió el silencio del jardín.Una niña de apenas dos años, vestida con un solero de algodón blanco, corría por el césped con una energía inagotable.Tenía el cabello oscuro y ondulado de los Vanderbilt, pero cuando se giró para reír, sus ojos revelaron la herencia más profunda, eran de un gris tormentoso y brillante, la mirada inconfundible de Killian.— ¡Abuelo! ¡Más al
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