El vapor llenaba la estancia, creando una atmósfera densa y cargada que apenas dejaba ver los detalles de la habitación. Aylén estaba completamente sumergida en la bañera de piedra, dejando que el agua caliente intentara, en vano, calmar el dolor que sentía en los huesos. Solo su rostro permanecía en la superficie, pálido y con una expresión de cansancio absoluto que los baños más lujosos no podían borrar.El sonido de los pesados goznes de la puerta la hizo estremecerse. Kael entró con paso firme. Sin decir una palabra, comenzó a despojarse de sus ropas, dejando caer su túnica oscura hasta quedar completamente desnudo ante ella. Su cuerpo, ahora marcado por la fuerza y la vitalidad recuperada, irradiaba un calor que parecía calentar el aire. Entró en la tina, haciendo que el agua rebosara por los bordes, y se sentó frente a ella.—¿Los viste? —preguntó Aylén con voz pequeña, apenas un susurro que delataba su ansiedad.Kael se acercó a ella por el agua y la tomó en sus brazos, atrayén
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