Rhevan se detuvo en seco, con un pie ya en el primer peldaño de la escalera. Se giró lentamente, mirando a Elara con una expresión que mezclaba la incredulidad con una severidad aplastante.
—Rhevan, espera un segundo —dijo Elara, acortando la distancia entre ellos. Su voz era un susurro urgente, temerosa de que Charlene o los otros guardias la escucharan—. ¿Qué va a pasar con ella? —preguntó, señalando con la cabeza hacia donde se habían llevado a la anciana.
Rhevan la observó desde su imponent