Ares permaneció inmóvil unos segundos más, permitiéndole ese contacto como si fuera un acto sagrado. El bosque estaba en silencio absoluto, un silencio lleno, expectante, donde incluso el latido de Aylén parecía resonar entre los troncos antiguos. Cuando el lobo se apartó apenas, no rompió el vínculo; al contrario, lo tensó, lo hizo más profundo.La transformación de regreso fue tan contenida como la anterior. El pelaje oscuro se replegó, la forma poderosa cedió paso al cuerpo humano, y Kael volvió a estar frente a ella, de pie, respirando hondo, como si acabara de cruzar un umbral invisible. La venda seguía cubriendo sus ojos, pero Aylén sintió que la miraba de una forma distinta… más desnuda, más real.—Desde ahora —dijo Kael con voz baja—, el bosque sabrá quién eres. No solo como mi esposa… sino como luna reconocida.Aylén se puso de pie despacio. Sus rodillas aún temblaban un poco, pero no retrocedió. Se quedó frente a él, tan cerca que podía percibir cada matiz de su respiración,
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