Ares permaneció inmóvil unos segundos más, permitiéndole ese contacto como si fuera un acto sagrado. El bosque estaba en silencio absoluto, un silencio lleno, expectante, donde incluso el latido de Aylén parecía resonar entre los troncos antiguos. Cuando el lobo se apartó apenas, no rompió el vínculo; al contrario, lo tensó, lo hizo más profundo.
La transformación de regreso fue tan contenida como la anterior. El pelaje oscuro se replegó, la forma poderosa cedió paso al cuerpo humano, y Kael vo