El cambio comenzó antes del amanecer.
Aylén fue la primera en notarlo, aunque al principio no supo ponerle nombre. Kael había pasado la noche inquieto. No dormía profundamente; su respiración se volvía irregular por momentos, y en más de una ocasión su cuerpo se tensó como si luchara contra algo interno.
Cuando la luz grisácea de la mañana empezó a filtrarse por las cortinas, Aylén abrió los ojos y sintió el calor.
No era el calor normal del cuerpo de Kael. Era más intenso. Ardiente.
Se incorpo