La celebración había terminado hacía apenas unos minutos, pero el eco de los tambores y los vítores aún parecía vibrar en el aire nocturno cuando Kael entrelazó sus dedos con los de Aylén y la condujo por los amplios corredores de la mansión. El murmullo lejano de los invitados se fue apagando tras las puertas cerradas, reemplazado por el silencio solemne de aquel hogar que ahora también le pertenecía a ella.
Aylén caminaba a su lado con el corazón desbocado. Cada paso que daba resonaba en su p