Colgó sin despedirse. Verónica, lejos de sentirse ofendida, chilló de emoción y lanzó el teléfono sobre la cama, celebrando su pequeña "victoria". Como no tenía tiempo de ir a una boutique, revolvió su armario hasta encontrar un vestido rojo escarlata, demasiado ajustado y llamativo, que gritaba desesperación por atención. Se maquilló con esmero, ocultando cualquier rastro de duda bajo capas de base y polvo.Cuando Edward llegó, ni siquiera bajó del auto para abrirle la puerta. Verónica subió, esperando un halago, una mirada de deseo, algo. Pero Edward arrancó el vehículo sin siquiera girar la cabeza. Solo la miró de reojo, con una indiferencia que helaba la sangre.—¿Qué te parece mi vestido? —preguntó ella, incapaz de soportar el silencio, tocándose el escote—. Estuve divagando sobre cuál elegir y realmente me decidí por este, pero no estoy segura...Edward suspiró, visiblemente hostigado por su necesidad de validación.—Me parece bien —soltó con voz monótona—. Has escogido muy bien
Leer más