Hacía demasiados días que la cama matrimonial se sentía como un continente dividido. El silencio en el Penthouse no era de paz, sino de una tensión que vibraba en las paredes. Esa noche, Declan entró en la habitación principal con los hombros hundidos y el rostro cenizo por el agotamiento.
Encontró a Valentina acostada, dándole la espalda, encogida en posición fetal. Parecía tan pequeña y vulnerable que el corazón de Declan dio un vuelco doloroso.
—Valentina... —murmuró. Ella no respondió hasta