Se quedó de pie en la acera, sintiéndose más vulnerable que nunca. No llamó a su chofer. No quería que Valentina se enterara. Llamó a Dorian.
Veinte minutos después, el auto de su amigo se detuvo frente a él. Dorian bajó, corrió hacia Declan y lo revisó con la mirada, aliviado de no ver sangre, pero aterrado por lo que significaba el accidente.
—¿Estás bien? —preguntó Dorian, tomándolo por los hombros.
—Perdí el control... —confesó Declan en un susurro, mirando el asfalto—. Mis manos... simplem