Declan permaneció de pie frente a la madera de roble de la habitación principal, con la frente apoyada contra el marco, sintiendo cómo el dolor físico de su enfermedad rivalizaba con el dolor emocional de estar separado de ella por apenas unos centímetros.
—Valentina, por favor... —su voz atravesó la madera, ronca y cansada—. Créeme que no quiero más peleas absurdas entre tú y yo. Intento llevarnos en paz, pero realmente lo vuelves todo difícil cuando te cierras así. Tenemos que hablar.
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