—¿Arthur? —la voz de Declan bajó a un tono gutural, peligroso—. Escúchame bien, viejo miserable. No vuelvas a llamar a mi casa para amenazar a mi esposa. Si los Sutton quieren guerra, tendrán guerra, pero no usarás a Valentina como escudo humano para tus errores.
Al otro lado de la línea, Arthur Fairchild guardó silencio un segundo, sorprendido por la ferocidad del tono, pero recuperó su arrogancia rápidamente.
—Estás cometiendo un error, Declan. Te estás dejando cegar por... no sé qué, ¿orgull