El ambiente en el Penthouse se había vuelto una coreografía de evasiones. Declan se movía por los pasillos como una sombra de lo que solía ser. Su andar, antes firme y autoritario, ahora parecía cargado de un peso invisible que le obligaba a buscar puntos de apoyo en los muebles de manera casi imperceptible. Valentina lo observaba desde la distancia, con una mezcla de rabia y una inquietud que se negaba a admitir.
—No es normal, Luna —dijo Valentina esa mañana, mientras revisaba unos bocetos en